PSICÓLOGO GENERAL SANITARIO

Evaluación e intervención psicológica individual desde una perspectiva integradora y basada en la evidencia.

Psicólogo general Sanitario

¿Qué significa ser Psicólogo General Sanitario?

El Psicólogo General Sanitario es un profesional sanitario titulado y regulado en España. Para ejercer con esta denominación es necesario haber completado el Grado o la Licenciatura en Psicología y el Máster Universitario oficial en Psicología General Sanitaria. El Grado en Psicología, por sí solo, no habilita para ejercer la psicología en el ámbito sanitario.

Su actividad profesional comprende la evaluación y la intervención psicológica sobre los procesos emocionales, cognitivos, conductuales, relacionales y contextuales que pueden influir en la salud de las personas. También puede desarrollar actuaciones de prevención, promoción de la salud e investigación dentro de su ámbito de competencia.

La denominación «general sanitario» no hace referencia a una corriente terapéutica concreta. Indica que el profesional cuenta con la formación universitaria habilitante para ejercer la psicología como profesión sanitaria.

¿Qué significa trabajar desde un Enfoque Integrador?

Parte de la idea de que ninguna orientación terapéutica permite explicar por sí sola todas las dificultades psicológicas ni responde de la misma manera a las necesidades de todas las personas.

Trabajar de forma integradora implica construir una comprensión individualizada del caso y seleccionar, con un criterio clínico común, los procedimientos que puedan resultar más adecuados para los problemas y objetivos planteados.

Mi forma de trabajar tiene una base conductual, funcional y contextual. Esto significa que trato de comprender qué está ocurriendo, en qué situaciones aparece, qué función cumplen determinadas respuestas y qué factores personales, relacionales y contextuales pueden estar manteniendo el problema.

A partir de esta formulación, la intervención puede incorporar aportaciones de distintos modelos psicológicos: procedimientos cognitivos, conductuales o contextuales, trabajo relacional, desarrollo de habilidades de regulación emocional o abordaje orientado al trauma y la experiencia corporal.

Cada propuesta debe tener una finalidad comprensible dentro del tratamiento. Por eso considero importante explicar qué estamos trabajando, por qué lo hacemos y qué cambios esperamos observar.

La elección de cada intervención dependerá de la evidencia disponible, las características de la persona, su situación, necesidades, preferencias y objetivos.

La relación terapéutica es una relación colaborativa. Por tanto, el plan de trabajo se explica, acuerda, aplica y revisa continuamente durante todo el proceso. 

¿Práctica basada en la evidencia?

Trabajar desde una práctica basada en la evidencia significa integrar el conocimiento científico disponible con la evaluación clínica y las características, necesidades, preferencias y objetivos de cada persona.

La investigación ayuda a entender qué procedimientos pueden ser útiles, pero no sustituye la comprensión individual del caso. Por eso, la intervención parte de una evaluación y una formulación clínica que permiten decidir qué trabajar, por qué y de qué manera.

Esta comprensión se revisa durante todo el proceso. Si la intervención no produce los cambios esperados será necesario revisar las hipótesis explicativas, analizar lo que está ocurriendo y valorar alternativas de intervención.

La evidencia no ofrece una respuesta automática para cada persona; proporciona una base desde la que comprender, intervenir y revisar el proceso.

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La importancia de comprender antes de intervenir

Una misma dificultad puede tener apariencias similares y, sin embargo, estar relacionada con factores diferentes en cada persona. Por este motivo, la intervención psicológica no debería comenzar aplicando una técnica de forma automática, sino tratando de comprender cómo se ha desarrollado el problema y qué lo mantiene en el presente.

La evaluación permite conocer en qué situaciones aparece el malestar, qué pensamientos, emociones, respuestas corporales y conductas se relacionan con él, qué consecuencias producen esas respuestas y qué influencia pueden tener la historia personal, las relaciones y el contexto actual.

Comprender no significa buscar una explicación definitiva. Significa construir una formulación clínica provisional que organice la información disponible y permita decidir qué aspectos conviene trabajar.

Esta formulación ayuda a seleccionar intervenciones con una finalidad concreta, evitar procedimientos innecesarios y establecer objetivos que puedan revisarse durante el proceso. También permite modificar el plan cuando la evolución del caso no coincide con lo esperado.

Por tanto, comprender antes de intervenir no supone retrasar el tratamiento. En realidad la propia evaluación puede producir cambios desde las primeras sesiones, al identificar patrones, ordenar la experiencia y comenzar a responder de una manera diferente. Su finalidad es que la intervención no solo sea activa, sino también coherente con las necesidades de la persona.

Cómo se organiza el proceso terapéutico

La psicoterapia no siempre sigue una secuencia lineal. No obstante, suele incluir:

1. Evaluación

Las primeras sesiones se destinan a conocer el motivo de consulta, evolución de síntomas, contexto en el que aparecen y principales factores relacionados.

También se valoran tus objetivos, expectativas, necesidades, recursos y experiencias previas con la terapia.

2. Formulación

Organizamos la información obtenida para construir una explicación clínica provisional sobre el desarrollo y el mantenimiento del problema. 

Esta explicación no es definitiva, se revisa y modifica a medida que contamos con nueva información.

Se definen cambios relevantes objetivo y acordamos prioridades en la intervención.

3. Intervención

Aplicamos los procedimientos acordados y observamos su efectos dentro y fuera de las sesiones.

El plan puede modificarse cuando la evolución del caso, las dificultades encontradas o tus necesidades así lo indiquen.

4. Consolidación y cierre

Cuando los cambios alcanzados resultan suficientemente estables, trabajamos la generalización, la prevención de recaídas y se finaliza el proceso.

Transparencia: una terapia explicada, compartida y revisable

La psicoterapia no debería ser un proceso opaco en el que la persona desconoce por qué se plantean determinadas preguntas, qué se está trabajando o con qué finalidad se propone una intervención.

Es importante que puedas comprender la lógica del tratamiento:

  • qué hipótesis estamos manejando sobre el problema,
  • qué objetivos hemos definido,
  • por qué se propone una determinada estrategia
  • qué cambios esperamos observar.

Es importante que cuentes con la información suficiente para que puedas participar de manera activa y tomar decisiones informadas sobre tu propio tratamiento.

La formulación clínica no se considera una explicación definitiva. Se construye a partir de la información disponible y debe modificarse cuando aparecen nuevos datos, cuando cambia el contexto o cuando la evolución del proceso no coincide con lo esperado. En este sentido, la terapia funciona mediante hipótesis que se contrastan continuamente con la experiencia.

Esta forma de trabajar también implica revisar los efectos de las intervenciones. Que una técnica esté respaldada por la investigación o haya resultado útil para otras personas no garantiza que sea la opción adecuada para todos los casos. Si una estrategia no está produciendo los cambios esperados, es necesario analizar por qué, reconsiderar la formulación y valorar alternativas.

La transparencia incluye, además, poder hablar sobre la propia terapia. Las dudas, los desacuerdos, la sensación de no estar avanzando o la percepción de que una intervención no encaja. Todo esto es información relevante y conviene plantearse abiertamente. El tratamiento no requiere que la persona esté de acuerdo con el terapeuta en todo momento, sino que exista un espacio donde esas diferencias puedan examinarse y utilizarse para orientar mejor el proceso y avanzar en la dirección de los objetivos planteados.

Trabajar de esta manera permite que la terapia sea un proceso comprensible, colaborativo y revisable.